Cada número de la revista pasa por las mismas seis etapas antes de llegar a tu correo un viernes. No hay atajos ni contenido de relleno: si un reportaje no resiste la revisión, se queda fuera y se reprograma. Aquí dejamos el recorrido completo, con los tiempos reales que manejamos y los puntos donde el proceso suele atascarse.
Cada lunes definimos los temas de la edición siguiente. La mesa reúne a la editora de Lima con los colaboradores de Santiago, Bogotá y Ciudad de México por videollamada. Salimos con cuatro o cinco propuestas firmes: un reportaje de fondo, una reseña de gadget, una entrevista a un creador local y una columna de opinión. Si un tema depende de un lanzamiento que puede moverse, lo dejamos como pendiente y no lo asignamos todavía.
Cada pieza recibe un brief de una página: ángulo, fuentes mínimas, extensión y fecha de entrega. Los freelancers trabajan con su propio horario, así que damos entre cinco y ocho días según la complejidad. En esta etapa se cae la mayor cantidad de ideas: muchas suenan bien en la reunión pero no aguantan un brief concreto. Preferimos descartarlas aquí y no después de pagar una escritura completa.
Aquí está el trabajo pesado. Las reseñas de gadgets se prueban en uso real durante al menos una semana, no en una tarde. Las entrevistas se graban y se transcriben. Todo dato técnico se contrasta con la ficha oficial del fabricante y, cuando se puede, con una segunda fuente. Este año endurecimos la regla: ninguna cifra entra sin enlace de respaldo en el documento compartido.
Los textos vuelven a la editora, que recorta, ordena y reescribe titulares a mano. No usamos generadores automáticos para los encabezados: el tono de la revista depende demasiado de esa línea. Las capturas de pantalla y las fotos urbanas se eligen en esta fase, pensando en la grilla asimétrica de la edición y no en un banco de imágenes genérico.
El diseño se cierra los miércoles. La edición se arma con fondo blanco roto, acentos en naranja quemado y azul noche, y tipografía condensada para los titulares. Los especiales temáticos, como el de videojuegos independientes peruanos, llevan una portada propia y un orden de lectura distinto. Aquí también se graba y se edita el podcast corto que acompaña al número.
El jueves por la noche se programa todo. El viernes a primera hora sale la newsletter con el resumen de la semana: qué se publicó, qué quedó pendiente y qué viene en la edición siguiente. Los errores que se detectan después de publicar se corrigen en el mismo artículo con una nota al pie, sin borrar el texto original. Esa trazabilidad nos ha costado más de una discusión interna, pero la mantenemos.
Los tiempos se ajustan cuando un colaborador enferma, cuando una fuente cancela a última hora o cuando un lanzamiento se retrasa sin aviso. En esos casos movemos la pieza a la edición siguiente en lugar de publicar algo a medias. Si quieres proponer un tema o sumarte como colaborador, escríbenos a info@jbrblog.com y cuéntanos qué tienes en mente.
Así se arma cada edición: del primer correo a la publicación del viernes.
No hay una sala de redacción con horario fijo. Hay un calendario compartido, colaboradores en Santiago, Bogotá y Ciudad de México, y una fecha de cierre que no se mueve. Estos son los pasos que seguimos entre la idea inicial y el resumen que llega a tu correo.
Cada colaborador manda un tema con ángulo, fuentes posibles y una razón para publicarlo ahora. Revisamos que no repita algo que ya salió y que tenga material real: una prueba de campo, una entrevista confirmada o datos que podamos verificar. Si el tema depende solo de opinión sin respaldo, se guarda para la columna.
Aquí es donde el texto se gana su lugar. Probamos gadgets en trayectos reales, jugamos las demos antes de reseñarlas y hablamos con los creadores, no solo con sus notas de prensa. Anotamos batería, tiempos, fallas y contexto. Lo que no se pudo comprobar queda fuera, aunque suene bien.
Un editor revisa estructura, datos y titulares. Corregimos cifras, nombres y fechas antes de maquetar. Los titulares se escriben a mano, sin generadores automáticos, porque el tono de la revista depende de cómo se nombra cada cosa. Si un dato no cierra, se retrasa la nota antes que publicarla mal.
Armamos la edición con fotografías urbanas y capturas propias en una grilla asimétrica. El cierre es los miércoles por la tarde: después de esa hora, lo que no está listo pasa a la semana siguiente. Es una regla simple que evita que un número se desarme por una nota atrasada.
El viernes sale la edición completa y el resumen llega a quienes están suscritos. El podcast corto se graba el jueves, con dos o tres temas de la semana. Los especiales temáticos, como el de videojuegos indie peruanos, se preparan con más tiempo y avisan con antelación en el propio boletín.
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